Archivo diario: 21 febrero, 2008

Paula

Escucha, Paula, voy a contarte una historia para que cuando despiertes no estés tan perdida… Así comienza a narrar Isabel Allende la historia de su familia, desde la llegada de sus antepasados vascos a la costa de Chile, el nacimiento e infancia de Allende, su juventud, su vida en Chile antes y después del Golpe Militar de 1973 y autoexilio en Venezuela… Y paralelo a esta historia familiar transcurre el tiempo presente en que la autora de La casa de los espíritus cuida y habla a su hija Paula, en estado de coma por una rara enfermedad llamada porfiria. Son dos historias, del pasado y del presente, que confluyen al final y terminan en la muerte de su hija.

Hace 13 ó 14 años que leí Paula, que me pareció un libro realmente emocionante, de toda una vida llena de acontecimientos (lo extremo opuesto de la monótona vida de un asalariado japonés…) y personajes interesantes, pero más que nada, de lazos de familia, en situaciones muchas veces difíciles. Y, bueno, otra cosa que me llama atención es su experiencia de vivir en diferentes culturas: Choques en el aula de escuela en Bolivia, incomprensión y dificultad de adaptación entre los venezolanos y chilenos exiliados, etc, todo ese sentimiento que fuera tratado también en Mi país inventado, otro libro de la escritora chilena que siempre fue extranjera.

Un japonés que nunca ha vivido en el extranjero fácilmente podría imaginar una Latinoamérica más o menos homogénea, de gente que habla el mismo idioma y comparte un fondo cultural-histórico, por lo que resulta impresionante ver que entre esa misma gente pueden darse tantos choques e incomprensión cultural… Y si es así, supongo que debe ser todavía más difícil lograr un entendimiento mutuo entre japoneses y latinoamericanos, dos pueblos que poco o nada tienen en común en sus culturas.

Tan difícil debe de ser… Quizá sí, pero aquí preferiré pensar de otra manera. El que japoneses y latinoamericanos no tengan nada en común, más bien puede ser un motivo para empezar por admitir las diferencias y desconocimientos mutuos, y de ahí, desde cero, ir construyendo una relación de amistad sin “exigir” que el otro se comporte o piense de una manera preimaginada por uno. Supongo que entre dos culturas muy parecidas una pequeña diferencia restante podría resultar muy chocante o incomprendida, y es ahí donde Japón y Latinoamérica tienen una ventaja, de que es tan fácil reconocer la existencia de las diferencias y desinformación… y, bueno, con esa conciencia, quizá, la gente pueda tratar de ser más tolerante hacia los demás, siempre y cuando haya buena intención de acercamiento e intercambio… o eso espero.  Al menos yo hasta ahora, a pesar de mi nula habilidad comunicativa, he tenido la suerte de encontrar buenos amigos de diferentes nacionalidades (aunque no muchos…) y esperaré seguir así, siempre curioso por otra culturas y con ganas de conocer gente…

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