Archivo mensual: enero 2008

Iguazú (2)

Del terminal salen colectivos para diferentes destinos dentro y fuera de Argentina.  Yo compro el boleto de ida y vuelta para las Cataratas y espero, entre bastantes pasajeros y vendedores, de locales fijos o ambulantes, entre ellos un señor que anda diciendo “¿Desea chipá? ¿Chipá?” en voz medio baja. De súbito grita una señora, “¡Cataratas!”, y subo al colectivo para el parque nacional. Durante el camino hay unas paradas donde suben y bajan cierto número de personas, y también veo algo que parece ser una instalación militar. Será por la cercanía de la frontera.

Entro al parque nacional y hay gente que vende artesanías guaraníes. Avanzo hacia la estación del “Tren Ecológico de la Selva” para desplazamiento dentro del parque, pero antes encuentro a un grupo de gente que ofrece un mini tour denominado “Jungle Explorer”, que incluye un paseo en jeep por el bosque y luego una navegación en lancha que va hasta debajo de los saltos. Es lo que me había explicado el brasilero del día anterior, y no dudo en participar. Al llegar unos 10 turistas, salimos en jeep y vamos adentro del bosque de cedro paraguayo con otros árboles y planta, y pienso que es el mismo cedro paraguayo que se convirtiera en material de construcción de las iglesias jesuitas de Córdoba. Dentro del bosque no hace calor y es más fresquito, sin mucha humedad ni zancudos. Es agradable, aunque medio oscuro. De un lugar bajamos del jeep y caminamos un rato, para luego ir bajando hacia la orilla del río. Llegamos a un pequeño puesto llamado Puerto Macuco, de donde sale la lancha. Ahí nos alistamos para lo que viene después. Me pongo sandalias de goma y capa impermeable (comprado a 100 yenes en Japón), y protejo mis papeles y cámara digital en bolsas de plástico. Y por ahora voy a usar una cámara desechable.

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Aquí el río no es muy ancho, pero la corriente es rápida y a veces violenta. Navegamos río arriba y pronto se empiezan a asomar los saltos, a algunos de los cuales nos acercamos unas veces, y hasta nos duchamos justo debajo de un salto, donde, con o sin la capa impermeable, nos mojamos toditos. Y así termina este paseo acuático de unos 20 minutos, creo.

Se disuelve el grupo y yo empiezo a caminar por una ruta. No sabía hacia dónde… pero creo que llegaré, quizá, a dónde tengo que llegar, así que no me preocupo. El cielo está bien despejado y hace bastante calor, con que la ropa se seca rápido. Ando viendo los saltos en sus diferentes expresiones, a veces de cerca y otra veces de lejos, algunos saltos muy anchos y otros delgados…Y aprecio todo el paisaje, primero desde abajo y luego desde arriba, porque la ruta es así, de “pasillo inferior” para poco a poco ir subiendo y llegar al “pasillo superior”. A veces hay miradores, algunos justo por encima de donde el agua empieza a caer.

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Luego de caminar dos horas, llego a la Estación Cataratas del tren ecológico, donde descanso un rato tomando un bocadillo y jugo de ananás. Y ahora agarro el tren hasta la estación Garganta del Diablo. De aquí emprendo otra caminata, con un paisaje diferente. Ahora veo un inmenso río en medio del bosque. La superficie del agua se extiende hasta donde alcanza la vista, con porciones de tierra o “islas” cubiertas de plantas y árboles dispersadas. Supongo que es un típico paisaje de selva y ríos que un japonés podría imaginar de Sudamérica. De un punto empieza un puente bastante largo, que va hacia un mirador final en medio del río. Es la Garganta del Diablo… Una inmensa masa de agua que se cae… Una escena tan poderosa e increíble, que un buen rato me quedo mirando y tomando fotos.

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Luego de volver un poco de la Garganta, de nuevo subo a un bote, ahora de goma, para un “paseo ecológico”. Es una navegación más tranquila y lenta, para observar las plantas y animales del río, como tortugas, lagartos, aves, moluscos. El guía nos habla del ecosistema, a veces parando el bote y metiendo la mano al agua para sacar bichos acuáticos. Es la otra cara del río Iguazú.

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Terminando todo el paseo, vuelvo al punto de partida y entro al centro de visitantes, donde hay una exhibición permanente sobre la fauna y flora de la Selva Paranaense, y sobre la historia de la colonización, la expulsión de los jesuitas, el descubrimiento de las Cataratas, el desarrollo y protección del medio ambiente de la zona, etc. Interesante lugar que no hay que dejar de visitar, y donde también me gusta pasar un rato conversando con la recepcionista.  Bueno, un problema es que aquí solo se habla el castellano: De vez en cuando entran visitantes extranjeros, que luego se van sin entender muchas cosas….  Y afirma mi interlocutora, que por eso se está dando un cursillo de inglés urgente para los empleados de este parque nacional….

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Iguazú (1)

Al acercarse mi segundo destino del viaje, el paisaje cambia drásticamente. Un inmenso bosque verde, y unos charcos conectados entre sí bajo el cielo nublado. Es la Selva de Alto Paraná. El avión aterriza poco antes de las cuatro de la tarde a Puerto Iguazú. Aquí me recoge un nikkei brasilero, con quien subo a un taxi para avanzar solo unos 300 metros. Bajamos y subimos a otro carro, de placa brasilera, que es de la agencia del brasilero. No sé qué trámite burocrático hay detrás, pero ahora me impresiona más la naturaleza. Vamos por una carretera por donde no veo nada más que el bosque y la tierra roja. Durante el camino, el brasilero me da informaciones para visitar los parques nacionales de ambos lados de las Cataratas.

Pronto llegamos al hotel, cuyo interior es de madera, un poco oscuro y huele a incienso-repelente. El picaporte de la puerta de mi habitación no me da mucha seguridad, porque está bien desgastada y temo que se desprenda si lo manejo un poquito forzosamente. La ventana está a unos dos o tres metros desde el suelo fuera, y alrededor hay un cerco de metal afilado para protección. Hay un aparato de aire acondicionado, que no está instalado tan perfecto como en Japón; porque entre el aparato y la pared queda una rendija, por donde ojalá no entren los zancudos.

Salgo un rato a hacer unas compras. Voy bajando por una calle y a unas cuadras encuentro un supermercado. Entro y busco fósforos para mi incienso-repelente, y sandalias de goma para ir a las Cataratas mañana. Para esta visita a Iguazú, yo había traído el incienso (comprado a cien yenes en Japón), pero resulta que aquí también se vende el mismo incienso de forma espiral.  Bueno, es de la misma forma y tamaño, pero no se sabe si será de la misma calidad o no. Aquí también encuentro un repelente o insecticida en lata de aerosol, de marca Kamikaze de dudosa procedencia.  Cosa curiosa que me hubiera gustado comprar, pero me abstengo porque me la pueden decomisar en el control de seguridad del aeropuerto.

El “supermercado” es pequeño y parece ser un negocio familiar, nada comparable con los locales comerciales que vi en Córdoba.  En esta calle hay, además, unas tiendas pequeñas, una lavandería, un estudio jurídico, una tienda de muebles al parecer, un centro cultural de la municipalidad, un cíber, y un bloque de apartamentos. Todos son pequeños, ubicados en el ambos lados de una calle poco transitada pero con muchos árboles. Casi no hay gente, salvo unas cuantas personas, habitantes locales, que están conversando al lado de una casa. Tengo la tentación de tomar fotos de una escena así de vida cotidiana, pero temo que eso moleste a esa gente, o que de súbito aparezca alguien por detrás mío a arrebatarme la cámara… Me da la sensación de ser el único forastero en un lugar donde todos se conocen, menos yo. Como sea, el silencio, mucho verde y lo poco grandes/refinados de los escasos negocios, es una escena que me hace recordar cómo era mi zona (donde vivo yo) cuado era chico, y también cómo son algunas localidades rurales que he visitado de Japón.

Vuelvo al hotel, que está en otra calle de puros hoteles, restaurantes, y agencias de viajes.  Algunos establecimientos tienen nombres tropicales como “La Selva”, “Los Helechos”, etc. En mi hotel hay una tienda de cosas de recuerdos, artesanías guaraníes, postales, etc. A mí especialmente me llama la atención una figura de tres monos que se tapan los ojos, la boca, y los oídos respectivamente. Y es que es idéntica a una de las obras artísticas representativas del santuario Tôshôgû de Nikkô, Japón, donde muchos visitantes, incluido yo de chico de primario, compran para recuerdo una figurita de madera de los tres monos.  Se lo comento a la señora de la tienda, que afirma que su mercancía es una artesanía guaraní, pero igual le parece interesante lo que le digo, y termino regalándole un periódico de Japón.  Es un periódico editado en español para los hispanohablantes que viven en Japón, y que yo traía por si podía dar tema de conversación. Y ocurre que en ese mismísimo ejemplar que yo tenía, salía un reportaje sobre los tres monos de Nikkô. Qué gran casualidad, ¿no?

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Rifa de las postales de Año Nuevo

Como muchos ya sabrán, las postales de saludos de Año Nuevo de Japón son a la vez boletas de una rifa que realiza la Oficina de Correos.  Hoy se hizo el sorteo para decidir los números ganadores:

  • Primer Premio (574578)
    Los ganadores eligen uno de los siguientes artículos: Un paquete de lujoso viaje al extranjero (4-5 días en Hawaii, Hong Kong, Australia, Tailandia, o Singapur), un televisor LCD de alta definición de 37 pulgadas, un MacBook con un iPod Classic, o un horno a vapor de alta temperatura
  • Segundo Premio (957358, 769466, y 397940)
    Los ganadores eligen uno de los siguientes premios: Un purificador de aire, una cámara digital, un iPod nano, un Nintendo Wii, o una cacerola Cocotte Redonda Le Creuset de 22cm…
  • Tercer Premio (9660)
    Un paquete de productos alimenticios de buena marca
  • Cuarto Premio (37, ó 64)
    Una hojita de dos estampillas (de 50 y 80 yenes) con el dibujo del animal del año, el ratón.
  • Premio Original de Año Nuevo (935473, 588104, 520056, y 700871)
    Un Nintendo DS Lite
  • Premio del grupo “C” (812751, y 561101)
    Es un premio creado este año y es exclusivo para las tarjetas cuyo precio de venta incluyó donaciones para proyectos de reducir la emisión de dióxido de carbono. Los ganadores eligen uno de los siguientes premios: Una bicicleta y una bolsa (para que puedas ir y volver del trabajo sin emitir CO2), un conjunto de cuatro muebles de cartón, un paquete de artículos para jardinería.

Antes, este sorteo se realizaba el 15 de enero (que era el Día de la Mayoría de Edad), y seguía así aún después de que se cambiara la fecha del feriado nacional (que ahora es el segundo lunes de enero), por lo que creía que este año también…. hasta que recién ese día me di cuenta de que sería el 27 de enero y que así estaba escrito en las postales.  No sé para qué cambiaron la fecha… ¿Tendrá que ver con la privatización de la Corporación Pública de Correos que pasó a ser la Japan Post, o fue sencillamente para que pudiéramos guardar esta pequeña ilusión durante dos semanas más?

Bueno, aquí solo conseguí un cuarto premio.  Nada grande, pero un pequeño aguinaldo, eso sí.

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Frío, frío

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El río cerca de mi casa parece una pista de patinaje: Está congelado. Es algo que no ocurre muy frecuentemente, y esta mañana fue la primera vez que lo vi así en este invierno. Y es que, aunque la nieve ya se fue, está haciendo un tremendo frío en estos días. Puede tratarse de una casualidad, pero exactamente estamos en la temporada de Daikan (o “Frío Mayor”) de las 24 mini estaciones (llamadas 24 sekki en japonés) en que se divide el año según el antiguo calendario chino.

Hoy llegó el boletín mensual del Seguro de Salud de mi centro de trabajo, que debe haber leído mi mente porque dedica una página para informaciones sobre algo que estaba pensando: Cómo combatir el frío.  Y aquí van sus tres consejos para calentarse el cuerpo por dentro y fuera:

  • Masajes de las manos: Algo que se podría estar haciendo sin pensar, pero lo recomendable es no masajearse las palmas sino los dorsos porque en este lado se consentra más vaso sanguíneo.
  • Usar medias con cinco dedos separados. Quizá se podrían encontrar en las tiendas de todo a 100 yenes….
  • Tomar té con gengibre. Se puede preparar un té caliente normal (con miel a gusto) y echarle una cucharadita de gengibre raspado. Y así, además del calor propio del té con miel, se supone que los componentes de gengibre como zingerone (que le da el sabor fuerte) y shôgaôru (aromático) ayudan a elevar el metabolismo y calientan el cuerpo desde dentro.

En vez de preparar el té con gengibre, más fácil sería comprar un paquete de saquitos ya listos (con gengibre en polvo, miel y azúcar, etc.). Y sucede que justo ayer se me ocurrió comprar uno así (de la foto) y lo estaba empezando a tomar.

Como sea, parece ser que esta ola de frío sigue por unos días más.. Así que, a abrigarse y cuidarse.

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Nieve

Tá nevando, kon-kon,
Granizando, kon-kon.
Nieva que te nieva,
Nunca cesa de nevar.
El perro está feliz y corretea en el patio,
El gato se acurruca en el kotatsu…

Al intentar traducir la letra de esta canción infantil de Japón, el problema es qué hacer con el kotatsu, que muy seguramente no existe en otros países. Lo más práctico sería reemplazarlo por una estufa o algo así conocido para no complicar las cosas… pero, bueno, aquí preferiré conservar el kotatsu original, que es un medio de calefacción típico para habitaciones al estilo japonés donde las personas andan descalzas y se sientan en el suelo sin usar sillas. El kotatsu es una mesa con una lámpara de rayo infrarrojo por debajo (para calentar), y sobre la que se coloca una especie de colchón cuyo borde llega hasta el suelo para no dejar escapar el calor. Las personas meten las piernas debajo del kotatsu y así se calientan. Bueno, supongo que algunos ya lo habrán visto en alguna serie de dibujos animados, así que quizá no se necesite dar más explicaciones sobre el kotatsu

En Tokio rara vez nieva: Solo una vez, dos o tres al año, por lo que si un día cae nieve, eso por sí solo es una noticia, tal como sucede hoy que por fin nevó después de oír tal pronóstico durante varios días. Yo de chico, cada vez que nevaba quería hacer una casita de nieve, aunque casi nunca nevó lo suficiente para jugar de esa manera…, pero al menos sí para corretear como el perro de la canción o para jugar a guerras entre amigos tirándonos bolas de nieve los unos a los otros. En una ocasión recuerdo que el maestro de primario, al ver que estaba nevando fuera, suspendió la clase para sacarnos al patio a jugar… Y hoy día, supongo que muchos nenes habrán jugado así, aunque solo por la mañana porque luego la nieve se convirtió en lluvia, para decepción de los chicos y para tranquilidad de los grandes…..

De todas maneras, aquí encontré un sitio donde se puede escuchar la canción Yuki (“Nieve”: Luego de abrir la página, una vez apretar el botón de “Recargar” del Explorer).  ¿Alguien se animará a cantar?

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Piojos y pulgas

Dicen que aquí están aumentando los casos de piojos en estos últimos años. Según el diario Yomiuri, los Centros de Salud de Tokio recibieron más de 1400 consultas entre enero y noviembre del 2007, año en que se supone que hubo 500 mil nuevos pacientes. La gran mayoría de los infectados son nenes de primario o preescolar, lo que puede deberse a que estos chiquitos suelen jugar bien pegaditos los unos a los otros en areneros del patio, etc. Es un problema que se creía que había desaparecido por la introducción del DDT durante la ocupación estadounidense luego de la Segunda Guerra Mundial, pero está volviendo a producirse un brote masivo, con el agravante de que muchas personas ahora no conocen lo que es el piojo y tardan en tomar medidas en caso de infección, además de la aparición de piojos resistentes a pediculicidas existentes.  Bueno, creo que el problema no debe ser demasiado grave aquí, pero sí me asusta leer noticias así.

He escuchado algo sobre cómo eran los nenes durante los tiempos de DDT, que muchas veces se rapaban la cabeza para no tener piojos, etc., y junto con lo que leo en las últimas noticias, supongo que los piojos son más horribles que las pulgas…  Bueno, yo, por suerte nunca he visto piojos pero sí he tenido cierta experiencia con las pulgas.  Y es que antes, mucho antes, teníamos un gato, que no se sabe de dónde traía pulgas y a veces tuvimos la necesidad de tomar medidas, aplicándole champú antipulgas y polvo insecticida, o aplastando con las uñas las pulgas encontradas en su pellejo… Bueno, a pesar de estos pequeños problemas fue lindo tener un animal en casa. Fue lindo, pero un día salió a pasear y no volvió.

De ahí no hemos vuelto a tener mascotas, ni las pulgas tampoco. Ahora lo único que tengo de piojos y pulgas es la camiseta albiceleste del Piojo Claudio López que compré en un mercado de pulgas al precio de tres latas de Coca Cola.  Y, bueno, que sea éste el único piojo en mi casa, eso espero…

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Cuidado con el Tanuki

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Cuando voy al trabajo cada mañana, veo este animalito que posa en la entrada de una cantina de la esquina. Es de cerámica llamada Shigaraki-yaki y uno de los símbolos de buena suerte en Japón. El animal se llama tanuki, mamífero de 50 centímetros de estatura que a veces es llamado perro mapache, originario de Japón, Corea y oriente de Rusia y habita principalmente en los bosques aunque se adapta a vivir cerca de las ciudades también..

Según Wikipedia en japonés hay una creencia de que el tanuki es el espíritu de oro, mineral que simboliza renacimiento porque en el proceso de refinar el oro hay un instante en que muere (o pierde su resplandor) para luego renacer (volver a brillar, y aún más que antes), por lo que los artesanos de orfebrería tenían la tradición de colgar un cadáver de este animal en su horno de fundición… y aparte se creía que su piel era ideal para el trabajo de extender el pan de oro, hecho que da origen a la imagen de tanuki como símbolo de buena suerte.

Pero, bueno, poco se habla de su pasado ligado a la orfebrería, mientras que es más difundida la creencia popular de que el tanuki posee un poder sobrenatural de transformarse en otros animales, personas u objetos, con que abundan leyendas y cuentos infantiles que hablan de personas “burladas” o “engañadas” por fechorías de tanukis transformados, sobre lo que se puede leer algo más en esta página en castellano.

La magia de transformación del tanuki, quizá tenga que ver con su carácter muy asustadizo, que podría dar casos así: Un cazador dispara a un tanuki que encuentra en el bosque. El animal se cae y queda inmóvil, con que el cazador recoge el tanuki muerto y se lo lleva, pero al llegar a casa da con la sorpresa de que no está el tanuki, que se ha hecho humo… haciendo creer al cazador que fue “burlado por el tanuki” cuando en realidad solo se trataba de un tanuki que, sin recibir la bala, por susto se había desmayado, por lo que luego de un rato se despierta y se escapa al descuido del hombre… Y, bueno, de este cuento también nace la expresión japonesa de tanuki neiri (o “tanuki dormido”) que se refiere a la acción de hacerse el dormido.

Creas o no en la magia de tanuki, lo cierto es que hay que tener cuidado con él… Tanto así, que hasta la policía coloca la advertencia, que precisamente se lee Tanuki ni Chûi (“Cuidado con el Tanuki”).

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