Estoy leyendo un libro que se llama “Ecuador, Patria de todos”, que a pesar de ser un manual editado para los estudiantes de bachillerato de ese país, resulta interesante también para lectores que no son estudiantes ni ecuatorianos, porque permite saber lo que estudian los propios ecuatorianos sobre su país, que puede ser algo diferente de lo se enseña de ese país en la clase de geografía/historia mundial en el secundario de Japón, por ejemplo. Y mi deseo es tener libros similares de otros países como Argentina, Chile, México, Perú (por orden alfabético, y solo para mencionar los países de amigos que hasta el momento han aparecido en este blog) también.
Ahora voy por el capítulo que habla de símbolos nacionales (banderas, escudos, himnos, etc), y al mismo tiempo recuerdo haber oído hablar de “Día de la Bandera”, “Día del Himno Nacional” que no solo hay en Ecuador sino en algunos otros países…. También comento que he asistido unas veces a eventos de fiestas patrias de algunos países latinoamericanos, donde he visto la manera en que sus ciudadanos cantan su himno. Y me da la impresión de que los símbolos nacionales son algo que por encima de toda diferencia de opinión, credo, raza, clase social o lo que sea, representa al país y une al pueblo entero, lo cual ciertamente me parece lindo (cuando también hay países cuyos símbolos nacionales no cuentan con la aprobación de todos…). Bueno, otro caso, algo chistoso pero real, que recuerdo es de un agente de policía japonés que gracias a los himnos no se dejó engañar por un pasaporte falso: Detiene a un sujeto con un pasaporte de dudosa autenticidad, y entonces se le ocurre ordenarle al sospechoso que cante el himno de su supuesta patria, a lo que el detenido no logra responder de manera correcta, porque su nacionalidad es otra…
Y, bueno, pienso que hoy podría ser un día para hablar de estas cosas, porque el 23 de diciembre es cumpleaños del Emperador, que es el “símbolo de la unidad del pueblo japonés” y cuyo estatus se basa en el consenso de todos los ciudadanos, según la actual Constitución del Japón vigente desde 1947. El actual emperador, Akihito, que hoy cumple 74 años, es el 128º en ocupar el “trono de crisantemo” de una dinastía que es considerada la más antigua del mundo, con su origen que se remonta al año 660 a.C., aunque no se sabe a ciencia cierta si existieron de verdad o no los primeros 10-15 emperadores que son más bien unos personajes míticos. Y pasando ya a la Modernidad, bajo la antigua Constitución del Gran Imperio del Japón (1889-1947) el emperador era sagrado e inofendible a la vez que era soberano de la Nación, y durante la Segunda Guerra Mundial el entonces emperador, Hirohito, se convierte en Dios-hecho-Hombre al que los japoneses fueron obligados a rendirle culto y a estar dispuestos a morir por él, en tiempos sin libertad de opinión ni de credo. Tras el término de la guerra se emite un edicto en 1946 para negar la deidad del emperador y afirmar que es humano, y luego se adopta la nueva Constitución del Japón, donde el emperador pasa a ser un “símbolo”, tal como lo es actualmente el Emperador Akihito, hijo de Hirohito.