Porque más vale prevenir.
Y especialmente es así con el disco duro, porque de producirse una “muerte súbita”, lo más probable es que juntos queden enterrados para siempre los datos y archivos que estaban guardados en el difunto disco. Y hay que reconocer también que el disco duro es, por su naturaleza, un producto poco duradero, cuya esperanza de vida podría ser de apenas 3-5 años en promedio…
De ahí que, luego de pensarlo bien, decido tomar este paso, porque ya era la hora: hace muchos meses que mi computadora está de mal humor, renegona e increíblemente lenta. Se demora varios minutos, por ejemplo, para tan solo abrir un explorer, sin hacer ningún otro trabajo al mismo tiempo. O abro un archivo, y no se abre sino después de una eterna espera, mientras que desde el interior del aparato no cesa el ruido de acceso del disco duro… Ya debe ser la hora.
Lo cierto es que precisamente para eso había elegido esta computadora de mesa, o de escritorio, por la opción de poder seguir usándola, cambiando, en caso necesario, solamente las piezas falladas (esta vez, el disco duro) y sin tener que volver a comprar una computadora entera. Es la primera vez que intento hacerlo y, bueno, a ver qué tal resulta.
Busco el catálogo de esta computadora y reviso la característica del disco duro (el formato de la conexión). Aunque sin comprender demasiado bien los datos averiguados, los imprimo en papel, y un día voy a mirar a unas tiendas de electrónica. Primero busco en la sección de dispositivos periféricos para Windows, de productos “normales” (sea, productos empaquetados en lindas cajas, con garantía, manual, y otros accesorios, como cualquier producto comercial). Ahí un poco me atraen, por ejemplo, herramientas (programas) que facilitan la mudanza de archivos entre discos duros, pero el problema es que salen caros los discos con esos accesorios, así que antes de decidir, paso por otra sección, esta vez de puras piezas (solo las piezas mismas, sin un lindo embalaje, útiles accesorios ni manuales). Bueno, no estoy tan seguro, pero por el precio (casi la mitad) me decido a hacer la compra. Aquí además del disco, compro una “cajita para disco duro” también. Y ahora viene la “operación”:
- De antemano hago una mínima “copia de seguridad” de importantes archivos en CD-R, donde también incluyo datos de configuración de Windows.
- Apago la computadora, y desconecto todos los cables.
- Destapo la computadora, y con cuidado le extirpo el viejo disco duro, para colocar en su lugar el nuevo disco.

- Tapo la computadora, y vuelvo a conectar los cables.
- Enciendo la computadora e instalo el Windows y todo en el nuevo disco duro, utilizando los CD-ROMs que vinieron con la computadora cuando la compré.
- Coloco en la “cajita” el viejo disco duro, que así funcionará como un disco duro USB portátil.
- Conecto el flamante disco duro portátil a la computadora, y copio la configuración y otros archivos.

…
No soy ningún experto en estas cosas, pero puedo decir que la “operación” no fue nada difícil. Solo tener cuidado para no perder los tornillos, y no olvidar de dónde se sacó cada una de las piezas, para poder volver a colocarlas correctamente en sus sitios. Y a la hora de la re-instalar el Windows, solo seguir las instrucciones del manual de la computadora…. Quizá se demore cierto tiempo, una hora o dos, y por eso resulta un poquito fastidio pero la operación en sí es bien fácil, solo unos cuantos clics, de ahí, esperar nada más, tomando té o leyendo algo…
Y el resultado fue satisfactorio. La computadora recuperó su buen humor, y ahora trabaja sin quejarse ni renegar. Y toda esta mejora por un costo de solo 10% del precio de la computadora. Bueno, en caso de laptops no sé, sería algo difícil, pero con las computadoras de mesa, creo que es una operación bastante recomendable para prolongar su vida.
















